Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE 

47

El hombre después de la muerte está en completa forma humana 

453. Que la forma del espíritu del hombre es la forma humana, o que el espíritu es hombre también con respecto a la forma puede constar por lo que queda expuesto en varios artículos arriba; principalmente en aquellos en que se ha manifestado que cada ángel tiene perfecta forma humana (n. 73-77); que todo hombre es un espíritu con respecto a sus cosas interiores (n. 432-444), y que los ángeles en el cielo son del género humano (n. 311-317). Esto se puede ver aun más claramente por esto que el hombre es hombre en virtud de su espíritu y no en virtud de su cuerpo, y que la forma corporal se halla añadida al espíritu según la forma de este y no al contrario, porque el espíritu se halla vestido: de un cuerpo con arreglo a su forma, por lo cual el espíritu del hombre obra en toda parte, en toda partícula del cuerpo, hasta que la parte que no es movido por el espíritu, o en el cual el espíritu no es activo, no vive. Que esto es así pueden saber todos por el hecho de que el pensamiento y la voluntad, ponen en movimiento todo el cuerpo y cada detalle del mismo, tan completamente a su antojo que a nada hay que no concurra, y lo que no concurre no forma parte del cuerpo, y se desecha también como una cosa en que nada hay de vida; el pensamiento y la voluntad pertenecen al espíritu del hombre, no al cuerpo; si el espíritu no se deja ver en forma humana por el hombre, después de estar separado del cuerpo ni en otro hombre, es porque el órgano de vista del hombre, o sea el ojo, en cuanto ver en el mundo, es material, y lo material no ve más que lo material, mientras que lo espiritual ve lo espiritual, por lo cual cuando el ojo material está cubierto y privado de su cooperación con lo espiritual, aparecen los espíritus en su propia forma, que es la forma humana, no tan sólo los espíritus que se hallan en el mundo espiritual, sino también el espíritu que está en otro hombre, mientras todavía se halla en su cuerpo.

454. La razón por la cual la forma del espíritu es la forma humana, es que el hombre con respecto a su espíritu es creado según la forma del cielo, porque todas las cosas que pertenecen al cielo y a su orden se hallan concentradas en la mente del hombre; por cuya circunstancia este tiene facultad de recibir inteligencia y sabiduría. Decir facultad de recibir inteligencia y sabiduría y decir facultad de recibir el cielo, es lo mismo; como puede constar por lo que se ha expuesto acerca de la luz y del calor del cielo (n. 126-140), de la forma del cielo (n. 200-212), del la sabiduría de los ángeles (n. 265-275), y en el artículo que el cielo, en cuanto a su forma en general y en particular, representa a un hombre (n. 59-77), y esto por virtud de lo Divino-Humano del Señor, de lo cual viene el cielo y su forma (n. 78-86).

455. Un hombre racional puede comprender las cosas que acabamos de consignar porque puede verlas por la correlación de las causas y por las verdades de su orden; pero el hombre que no es racional no las comprende. No las comprende por varias razones; la primera, que no quiere porque son contrarias a las falsedades, por las cuales ha formado sus verdades, y quien por esta causa no quiere comprender cierra el camino del cielo para su razón, cuyo camino puede, sin embargo, abrirse con tal que no se oponga la voluntad, véase arriba (n. 42). El hombre puede comprender las verdades y ser racional, con tal que el lo quiera; esto me ha sido manifestado mediante mucha experiencia. Los espíritus malos que se han vuelto irracionales por haber en el mundo negado lo Divino y las verdades de la iglesia, confirmándose en contra de ellas, han sido a menudo, por fuerza Divina, obligados a volverse hacia los que se hallan en la luz de la verdad, y entonces han comprendido todo como los ángeles, y han reconocido que era verdad y asimismo lo comprendieron; pero tan pronto como volvieron en sí mismos y miraron hacia el amor de su voluntad nada comprendían y hablaban cosas contrarias. También he oído decir a ciertos infernales que saben y perciben que es malo todo lo que hacen, pero que no pueden resistir el goce de su amor, es decir su voluntad, y que esta domina sus pensamientos, de manera que ven lo malo como bueno y lo falso como verdadero; por esto ha resultado que los que se hallan en falsedades a consecuencia del mal pueden comprender y por consiguiente ser racionales, pero no quieren; y la causa de que no quieren es que aman las falsedades más que las verdades, por estar aquellas en armonía con los males en que se hallan; amar y querer es lo mismo, porque lo que el hombre quiere, esto ama, y lo que ama esto quiere. Siendo el estado de los hombres tal, que pueden comprender las verdades si quieren, me ha sido concedido confirmar las verdades espirituales que pertenecen a la iglesia y al cielo, también mediante cosas racionales; y con el fin de que las falsedades que en varios han cerrado la razón puedan mediante cosas racionales ser dispersadas, y acaso así abrirse el ojo hasta cierto punto; porque confirmar verdades espirituales, mediante cosas racionales, es lícito para todos los que se hallan en verdades. ¿Quién comprendería el Verbo jamás en su sentido literal, si no viese las verdades allí por medio de una razón iluminada? ¿Sí se comprendiera como han venido tantas herejías del mismo Verbo?

456. Que el espíritu del hombre después de la separación del cuerpo es hombre y de igual forma ha quedado para mí un hecho probado mediante experiencia diaria durante varios años, porque les he visto, les he escuchado, y les he hablado mil veces, diciéndoles que los hombres en el mundo no creen que son así, y que los que lo creen son considerados por los eruditos como simples; los espíritus se han lamentado profundamente de que todavía continué tal ignorancia en el mundo, y ante todo, dentro de la iglesia. Pero esta creencia, dijeron, había venido precisamente de los eruditos, quienes han pensado acerca del alma, desde lo corpóreo-sensual, lo cual les ha inducido a formar una idea de ella de un mero pensamiento, el cual, al ser considerado sin el sujeto que se halla y del cual viene, es como una cosa voluble de puro éter, la cual al morir el cuerpo no puede dejar de disolverse; pero puesto que la iglesia a causa del Verbo cree en la inmortalidad del alma, no han podido menos que reconocer que tiene algo de vital, como aquello que pertenece al pensamiento, pero niegan un sensorio como tiene el hombre, hasta volver a reunirse con el cuerpo. Sobre esta opinión se funda la doctrina de la resurrección, y la creencia de que la reunión tendrá lugar cuando llegue el día del último juicio. De ahí viene que al pensar uno acerca del alma según la doctrina y al mismo tiempo según la hipótesis (indicada) no comprende en manera alguna que es un espíritu, y que este tiene forma humana a esto viene, que actualmente, apenas hombre alguno sabe lo que es lo espiritual, y menos aun que los seres espirituales, tales como todos los espíritus y los ángeles, tienen forma humana; por eso casi todos los que vienen del mundo se extrañan altamente de que viven y que son hombres como antes, que ven, oyen, y hablan y que su cuerpo goza de sentidos como antes sin diferencia alguna (véase arriba, n. 74). Pero cuando cesan de extrañarse de sí mismos, empiezan a extrañarse de que la iglesia nada sabe de tal estado de los hombres después de la muerte; tampoco pues del cielo y del infierno, siendo, sin embargo, así, que todos cuantos jamás vivieron en el mundo se hallan en la otra vida y viven como hombres. Y puesto que también se extrañan de que esto no se ha revelado a los hombres mediante visiones, viendo que es una cosa esencial de la fe de la iglesia, les fue dicho desde el cielo que esto hubiera podido revelarse, porque nada hay más fácil cuando bien place al Señor, pero que, sin embargo, no llegarían a creer, aquellos que se han confirmado en mentiras contra estas cosas, aun cuando ellos mismos llegasen a verlas. Además se dijo que es peligroso confirmar mediante visiones algo en aquellos que se hallan en falsedades, puesto que de esta manera primero llegarían a creer y luego a renegar, y así a profanar aquella misma verdad; porque profanar es creer y después negar, y los que profanan verdades son echados a los infiernos más terribles. Este es el peligro al que aluden las palabras del Señor:

Cegó los ojos de ellos y endureció su corazón, a fin de que no vean con los ojos y entiendan con el corazón y se conviertan y yo los sane (Juan 12: 40).

Y que los que se hallan en falsedades, sin embargo, no crecerían, se entiende por estas palabras:

Abrahán dijo al rico en el infierno, A Moisés ya los profetas tienen, óiganlos, pero este dijo: No, padre Abrahán, pero si alguno fuere & ellos de los muertos se convertirían. Mas Abrahán le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco creerán si alguno se levanta de los muertos (Lucas 16: 29-31).

457. Cuando el espíritu del hombre entra en el mundo de los espíritus, lo cual hace poco después de la resurrección (véase arriba), tiene al principio igual rostro y al hablar igual timbre de voz, que tenía en el mundo. La causa es que entonces se halla en el estado de sus exteriores; no hallándose aún descubiertos sus interiores; éste es el primer estado de los hombres después de la muerte; pero luego cambia el rostro, tomando un aspecto totalmente diferente; se asimila a su inclinación o amor reinante, en el cual se hallaban en el mundo los interiores que pertenecían a su mente, y en el cual se hallaba su espíritu en su cuerpo; porque el rostro del espíritu del hombre difiere mucho del rostro de su cuerpo; el rostro de su cuerpo proviene de sus padres, pero el rostro del espíritu viene de su inclinación, cuya imagen es; este rostro llega a ser el rostro del espíritu, después de la vida del cuerpo, cuando quedan apartados los exteriores y descubiertos los interiores. Este es el segundo estado del hombre; he visto algunos que acababan de llegar del mundo, y los he reconocido por el rostro y por el habla; pero al verlos más tarde, no los he reconocido; los que habían tenido buenas inclinaciones presentaban un rostro hermoso, pero los que habían tenido matas inclinaciones un rostro disforme. Es que el espíritu del hombre, en y por sí, no es más que su inclinación; la forma exterior de esta es el rostro. La causa de que el rostro cambia, es que en la otra vida a nadie es permitido aparentar inclinaciones que no son suyas, o sea adoptar un rostro que es contrario al amor en que se halla. Todos cuantos hay son reducidos a un estado en el cual hablan como piensan, con semblantes y gestos que son expresión de su voluntad, y de ahí viene que los que se han conocido en el mundo, también se conocen en el mundo de los espíritus, pero no en el cielo ni en el infierno, según se ha dicho arriba (n. 427).

458. Los rostros de los hipócritas cambian más lentamente que los demás rostros, por la causa que por práctica han adquirido la costumbre de componer sus interiores a formar imitación de las buenas inclinaciones, por lo cual, durante largo tiempo no parecen carecer de hermosura; pero puesto que lo simulado en ellos se descubre, poco a poco, al par que los interiores que pertenecen a la mente se asimilan a la forma de sus inclinaciones, llegan luego a ser más disformes que otros. Los hipócritas son los que han hablado como ángeles, pero en sus interiores han reconocido únicamente la naturaleza, y no lo Divino, habiendo, en su consecuencia negada las cosas que pertenecen a la iglesia y al cielo.

459. Es de notar que la forma humana de cada hombre después de la muerte es tanto más hermosa cuanto más íntimamente ha amado las verdades Divinas y ha vivido conforme a ellas, porque los interiores de cada uno se forman y se descubren según su amor y su vida, por lo cual, cuanto más íntima es la inclinación, tanto más parecido al cielo, y por consiguiente tanto más perfecta la forma del rostro; por esto los ángeles en el íntimo cielo son los más hermosos, puesto que son las formas del Divino amor; por otra parte, los que más exteriormente han amado las verdades Divinas y también de una manera exterior han vivido conforme a ellas, son menos hermosos, porque en sus rostros lucen solamente las inclinaciones exteriores sin traslucir en ellos el íntimo amor celestial, y en su consecuencia tampoco la forma del cielo tal como es en sí misma. En sus rostros aparece algo comparativamente oscuro, sin ser animado por el traslucimiento de la vida interior. En una palabra, toda perfección aumente hacia los interiores, y disminuye hacia los exteriores, y con la perfección aumenta también la hermosura. He visto rostros de ángeles del tercer cielo, que eran tales, que jamás pintor alguno con todo su arte hubiera podido dar a los colores un tinte que llegaría a ser siquiera una milésima parte de aquella luz y aquella vida que ostentaban sus rostros; los rostros de los ángeles del cielo exterior pueden sin embargo ser reproducidos hasta cierto punto.

460. Para concluir referiré cierto secreto, por nadie aún conocido, y es que todo bien y toda verdad que sale del Señor y hace el cielo es de forma humana, y no solamente en el conjunto y en general, sino también en cada parte y en su más mínimo detalle; esta forma afecta a todos cuantos reciben el bien y la verdad del Señor, y hace que todos y cada uno de ellos en el cielo tenga forma humana, según y conforme el recibimiento. De esto viene que el cielo es igual en general y en particular, y el conjunto, así como cada sociedad y cada ángel tienen forma humana, según se ha expuesto en los cuatro artículos desde el n. 59 al n. 86; a lo cual procede aquí añadir, que la tiene cada detalle del pensamiento que del amor celestial se halla en los ángeles. Pero este arcano entra difícilmente en el entendimiento de hombre alguno, entrando, sin embargo, claramente en el entendimiento de los ángeles, por hallarse ellos en la luz del cielo.