EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
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El hombre después de la muerte está en completa forma humana
453. Que
la forma del espíritu del hombre es la forma humana, o que el espíritu
es hombre también con respecto a la forma puede constar por lo que queda
expuesto en varios artículos arriba; principalmente en aquellos en que
se ha manifestado que cada ángel tiene perfecta forma humana (n. 73-77);
que todo hombre es un espíritu con respecto a sus cosas interiores (n.
432-444), y que los ángeles en el cielo son del género humano (n.
311-317). Esto se puede ver aun más claramente por esto que el hombre es
hombre en virtud de su espíritu y no en virtud de su cuerpo, y que la
forma corporal se halla añadida al espíritu según la forma de este y no
al contrario, porque el espíritu se halla vestido: de un cuerpo con
arreglo a su forma, por lo cual el espíritu del hombre obra en toda
parte, en toda partícula del cuerpo, hasta que la parte que no es movido
por el espíritu, o en el cual el espíritu no es activo, no vive. Que
esto es así pueden saber todos por el hecho de que el pensamiento y la
voluntad, ponen en movimiento todo el cuerpo y cada detalle del mismo,
tan completamente a su antojo que a nada hay que no concurra, y lo que
no concurre no forma parte del cuerpo, y se desecha también como una
cosa en que nada hay de vida; el pensamiento y la voluntad pertenecen al
espíritu del hombre, no al cuerpo; si el espíritu no se deja ver en
forma humana por el hombre, después de estar separado del cuerpo ni en
otro hombre, es porque el órgano de vista del hombre, o sea el ojo, en
cuanto ver en el mundo, es material, y lo material no ve más que lo
material, mientras que lo espiritual ve lo espiritual, por lo cual
cuando el ojo material está cubierto y privado de su cooperación con lo
espiritual, aparecen los espíritus en su propia forma, que es la forma
humana, no tan sólo los espíritus que se hallan en el mundo espiritual,
sino también el espíritu que está en otro hombre, mientras todavía se
halla en su cuerpo.
454. La
razón por la cual la forma del espíritu es la forma humana, es que el
hombre con respecto a su espíritu es creado según la forma del cielo,
porque todas las cosas que pertenecen al cielo y a su orden se hallan
concentradas en la mente del hombre; por cuya circunstancia este tiene
facultad de recibir inteligencia y sabiduría. Decir facultad de recibir
inteligencia y sabiduría y decir facultad de recibir el cielo, es lo
mismo; como puede constar por lo que se ha expuesto acerca de la luz y
del calor del cielo (n. 126-140), de la forma del cielo (n. 200-212),
del la sabiduría de los ángeles (n. 265-275), y en el artículo que el
cielo, en cuanto a su forma en general y en particular, representa a un
hombre (n. 59-77), y esto por virtud de lo Divino-Humano del Señor, de
lo cual viene el cielo y su forma (n. 78-86).
455. Un
hombre racional puede comprender las cosas que acabamos de consignar
porque puede verlas por la correlación de las causas y por las verdades
de su orden; pero el hombre que no es racional no las comprende. No las
comprende por varias razones; la primera, que no quiere porque son
contrarias a las falsedades, por las cuales ha formado sus verdades, y
quien por esta causa no quiere comprender cierra el camino del cielo
para su razón, cuyo camino puede, sin embargo, abrirse con tal que no se
oponga la voluntad, véase arriba (n. 42). El hombre puede comprender las
verdades y ser racional, con tal que el lo quiera; esto me ha sido
manifestado mediante mucha experiencia. Los espíritus malos que se han
vuelto irracionales por haber en el mundo negado lo Divino y las
verdades de la iglesia, confirmándose en contra de ellas, han sido a
menudo, por fuerza Divina, obligados a volverse hacia los que se hallan
en la luz de la verdad, y entonces han comprendido todo como los
ángeles, y han reconocido que era verdad y asimismo lo comprendieron;
pero tan pronto como volvieron en sí mismos y miraron hacia el amor de
su voluntad nada comprendían y hablaban cosas contrarias. También he
oído decir a ciertos infernales que saben y perciben que es malo todo lo
que hacen, pero que no pueden resistir el goce de su amor, es decir su
voluntad, y que esta domina sus pensamientos, de manera que ven lo malo
como bueno y lo falso como verdadero; por esto ha resultado que los que
se hallan en falsedades a consecuencia del mal pueden comprender y por
consiguiente ser racionales, pero no quieren; y la causa de que no
quieren es que aman las falsedades más que las verdades, por estar
aquellas en armonía con los males en que se hallan; amar y querer es lo
mismo, porque lo que el hombre quiere, esto ama, y lo que ama esto
quiere. Siendo el estado de los hombres tal, que pueden comprender las
verdades si quieren, me ha sido concedido confirmar las verdades
espirituales que pertenecen a la iglesia y al cielo, también mediante
cosas racionales; y con el fin de que las falsedades que en varios han
cerrado la razón puedan mediante cosas racionales ser dispersadas, y
acaso así abrirse el ojo hasta cierto punto; porque confirmar verdades
espirituales, mediante cosas racionales, es lícito para todos los que se
hallan en verdades. ¿Quién comprendería el Verbo jamás en su sentido
literal, si no viese las verdades allí por medio de una razón iluminada?
¿Sí se comprendiera como han venido tantas herejías del mismo Verbo?
456. Que
el espíritu del hombre después de la separación del cuerpo es hombre y
de igual forma ha quedado para mí un hecho probado mediante experiencia
diaria durante varios años, porque les he visto, les he escuchado, y les
he hablado mil veces, diciéndoles que los hombres en el mundo no creen
que son así, y que los que lo creen son considerados por los eruditos
como simples; los espíritus se han lamentado profundamente de que
todavía continué tal ignorancia en el mundo, y ante todo, dentro de la
iglesia. Pero esta creencia, dijeron, había venido precisamente de los
eruditos, quienes han pensado acerca del alma, desde lo
corpóreo-sensual, lo cual les ha inducido a formar una idea de ella de
un mero pensamiento, el cual, al ser considerado sin el sujeto que se
halla y del cual viene, es como una cosa voluble de puro éter, la cual
al morir el cuerpo no puede dejar de disolverse; pero puesto que la
iglesia a causa del Verbo cree en la inmortalidad del alma, no han
podido menos que reconocer que tiene algo de vital, como aquello que
pertenece al pensamiento, pero niegan un sensorio como tiene el hombre,
hasta volver a reunirse con el cuerpo. Sobre esta opinión se funda la
doctrina de la resurrección, y la creencia de que la reunión tendrá
lugar cuando llegue el día del último juicio. De ahí viene que al pensar
uno acerca del alma según la doctrina y al mismo tiempo según la
hipótesis (indicada) no comprende en manera alguna que es un espíritu, y
que este tiene forma humana a esto viene, que actualmente, apenas hombre
alguno sabe lo que es lo espiritual, y menos aun que los seres
espirituales, tales como todos los espíritus y los ángeles, tienen forma
humana; por eso casi todos los que vienen del mundo se extrañan
altamente de que viven y que son hombres como antes, que ven, oyen, y
hablan y que su cuerpo goza de sentidos como antes sin diferencia alguna
(véase arriba, n. 74). Pero cuando cesan de extrañarse de sí mismos,
empiezan a extrañarse de que la iglesia nada sabe de tal estado de los
hombres después de la muerte; tampoco pues del cielo y del infierno,
siendo, sin embargo, así, que todos cuantos jamás vivieron en el mundo
se hallan en la otra vida y viven como hombres. Y puesto que también se
extrañan de que esto no se ha revelado a los hombres mediante visiones,
viendo que es una cosa esencial de la fe de la iglesia, les fue dicho
desde el cielo que esto hubiera podido revelarse, porque nada hay más
fácil cuando bien place al Señor, pero que, sin embargo, no llegarían a
creer, aquellos que se han confirmado en mentiras contra estas cosas,
aun cuando ellos mismos llegasen a verlas. Además se dijo que es
peligroso confirmar mediante visiones algo en aquellos que se hallan en
falsedades, puesto que de esta manera primero llegarían a creer y luego
a renegar, y así a profanar aquella misma verdad; porque profanar es
creer y después negar, y los que profanan verdades son echados a los
infiernos más terribles. Este es el peligro al que aluden las palabras
del Señor:
Cegó los
ojos de ellos y endureció su corazón, a fin de que no vean con los ojos
y entiendan con el corazón y se conviertan y yo los sane (Juan 12: 40).
Y que
los que se hallan en falsedades, sin embargo, no crecerían, se entiende
por estas palabras:
Abrahán
dijo al rico en el infierno, A Moisés ya los profetas tienen, óiganlos,
pero este dijo: No, padre Abrahán, pero si alguno fuere & ellos de los
muertos se convertirían. Mas Abrahán le dijo: Si no oyen a Moisés y a
los profetas, tampoco creerán si alguno se levanta de los muertos (Lucas
16: 29-31).
457.
Cuando el espíritu del hombre entra en el mundo de los espíritus, lo
cual hace poco después de la resurrección (véase arriba), tiene al
principio igual rostro y al hablar igual timbre de voz, que tenía en el
mundo. La causa es que entonces se halla en el estado de sus exteriores;
no hallándose aún descubiertos sus interiores; éste es el primer estado
de los hombres después de la muerte; pero luego cambia el rostro,
tomando un aspecto totalmente diferente; se asimila a su inclinación o
amor reinante, en el cual se hallaban en el mundo los interiores que
pertenecían a su mente, y en el cual se hallaba su espíritu en su
cuerpo; porque el rostro del espíritu del hombre difiere mucho del
rostro de su cuerpo; el rostro de su cuerpo proviene de sus padres, pero
el rostro del espíritu viene de su inclinación, cuya imagen es; este
rostro llega a ser el rostro del espíritu, después de la vida del
cuerpo, cuando quedan apartados los exteriores y descubiertos los
interiores. Este es el segundo estado del hombre; he visto algunos que
acababan de llegar del mundo, y los he reconocido por el rostro y por el
habla; pero al verlos más tarde, no los he reconocido; los que habían
tenido buenas inclinaciones presentaban un rostro hermoso, pero los que
habían tenido matas inclinaciones un rostro disforme. Es que el espíritu
del hombre, en y por sí, no es más que su inclinación; la forma exterior
de esta es el rostro. La causa de que el rostro cambia, es que en la
otra vida a nadie es permitido aparentar inclinaciones que no son suyas,
o sea adoptar un rostro que es contrario al amor en que se halla. Todos
cuantos hay son reducidos a un estado en el cual hablan como piensan,
con semblantes y gestos que son expresión de su voluntad, y de ahí viene
que los que se han conocido en el mundo, también se conocen en el mundo
de los espíritus, pero no en el cielo ni en el infierno, según se ha
dicho arriba (n. 427).
458. Los
rostros de los hipócritas cambian más lentamente que los demás rostros,
por la causa que por práctica han adquirido la costumbre de componer sus
interiores a formar imitación de las buenas inclinaciones, por lo cual,
durante largo tiempo no parecen carecer de hermosura; pero puesto que lo
simulado en ellos se descubre, poco a poco, al par que los interiores
que pertenecen a la mente se asimilan a la forma de sus inclinaciones,
llegan luego a ser más disformes que otros. Los hipócritas son los que
han hablado como ángeles, pero en sus interiores han reconocido
únicamente la naturaleza, y no lo Divino, habiendo, en su consecuencia
negada
las cosas que pertenecen a la iglesia y al cielo.
459. Es
de notar que la forma humana de cada hombre después de la muerte es
tanto más hermosa cuanto más íntimamente ha amado las verdades Divinas y
ha vivido conforme a ellas, porque los interiores de cada uno se forman
y se descubren según su amor y su vida, por lo cual, cuanto más íntima
es la inclinación, tanto más parecido al cielo, y por consiguiente tanto
más perfecta la forma del rostro; por esto los ángeles en el íntimo
cielo son los más hermosos, puesto que son las formas del Divino amor;
por otra parte, los que más exteriormente han amado las verdades Divinas
y también de una manera exterior han vivido conforme a ellas, son menos
hermosos, porque en sus rostros lucen solamente las inclinaciones
exteriores sin traslucir en ellos el íntimo amor celestial, y en su
consecuencia tampoco la forma del cielo tal como es en sí misma. En sus
rostros aparece algo comparativamente oscuro, sin ser animado por el
traslucimiento de la vida interior. En una palabra, toda perfección
aumente hacia los interiores, y disminuye hacia los exteriores, y con la
perfección aumenta también la hermosura. He visto rostros de ángeles del
tercer cielo, que eran tales, que jamás pintor alguno con todo su arte
hubiera podido dar a los colores un tinte que llegaría a ser siquiera
una milésima parte de aquella luz y aquella vida que ostentaban sus
rostros; los rostros de los ángeles del cielo exterior pueden sin
embargo ser reproducidos hasta cierto punto.
460. Para concluir referiré cierto secreto, por nadie aún conocido, y es que todo bien y toda verdad que sale del Señor y hace el cielo es de forma humana, y no solamente en el conjunto y en general, sino también en cada parte y en su más mínimo detalle; esta forma afecta a todos cuantos reciben el bien y la verdad del Señor, y hace que todos y cada uno de ellos en el cielo tenga forma humana, según y conforme el recibimiento. De esto viene que el cielo es igual en general y en particular, y el conjunto, así como cada sociedad y cada ángel tienen forma humana, según se ha expuesto en los cuatro artículos desde el n. 59 al n. 86; a lo cual procede aquí añadir, que la tiene cada detalle del pensamiento que del amor celestial se halla en los ángeles. Pero este arcano entra difícilmente en el entendimiento de hombre alguno, entrando, sin embargo, claramente en el entendimiento de los ángeles, por hallarse ellos en la luz del cielo.
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sentidos, toda la memoria, pensamiento y afección que tuvo en el mundo, no dejando nada tras de si, sino su cuerpo terrenal
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